A diario recibo consultas de personas que tienen muchas ganas de vivir la experiencia de una sesión boudoir o erótica pero terminan la frase con un: «Es que creo que esto no es para mí»Y después de años detrás de la cámara he aprendido algo fundamental: tienen razón.

 

La fotografía boudoir no es un simple trámite estético; es un viaje de empoderamiento, un choque frontal con la vulnerabilidad y una reconciliación con el espejo que no todo el mundo está preparado para asumir. Mi trabajo no es una fábrica de fotos en serie; es un espacio de transformación. Por eso, si te sientes identificado con alguno de los siguientes puntos, probablemente no deberías reservar una cita conmigo.

1. Si tu felicidad depende de un número en la báscula

Si estás esperando a perder esos «5 kilos rebeldes», a que desaparezca esa marca de la maternidad o a que tus músculos estén perfectamente definidos para llamarme, este no es tu sitio.

La cruda realidad: El perfeccionismo es el asesino de la belleza real. Si no eres capaz de entender que tu cuerpo actual es el vehículo que te ha permitido vivir, amar y resistir, te pasarás la sesión buscando defectos en lugar de celebrar tu existencia. Mi fotografía busca tu esencia, no tu talla. Si prefieres esperar a un «yo ideal» que nunca llega en lugar de abrazar al «yo real» que ya eres, el boudoir te resultará frustrante.

4. Si te quita el sueño el «qué dirán» (tu novio, tu madre o el vecino cotilla)

Seamos sinceros: vivimos en un mundo donde parece que todo el mundo tiene derecho a opinar sobre lo que haces con tu cuerpo. Si antes de reservar ya te estás imaginando la cara de susto de tu madre, el comentario fuera de lugar de tu novio o los cuchicheos de la vecina del cuarto si se enterasen… mejor para.

La cruda realidad: Una sesión boudoir es, ante todo, un acto de rebeldía y de libertad personal. Si vas a estar durante toda la sesión pensando: «Ay, ¿y si mi pareja se enfada porque salgo muy hot?» o «¿Qué pensarán de mí si hago estas fotos?», no vas a disfrutar ni un segundo. Vas a estar tensa, con la mirada preocupada y eso se nota en el resultado. Aquí venimos a que tú seas la jefa. A que mandes a paseo las expectativas de los demás y te des el gusto de ser quien te dé la gana ser frente a mi cámara. Mis sesiones son un búnker de privacidad, un secreto bajo llave si tú quieres, pero el permiso te lo tienes que dar tú primero. Si necesitas la aprobación de todo tu árbol genealógico para sentirte sexy, esto te va a venir grande.

5. Si crees que esto es un «gasto» y prefieres gastártelo en chuminadas

Hay gente que se deja 200 euros en una cena que olvida al día siguiente o en ropa que acaba en el fondo del armario con la etiqueta puesta, pero le duele invertir en sí misma.

La cruda realidad: Si ves una sesión boudoir como un «gasto» de dinero en lugar de un regalazo para tu autoestima, no lo vas a disfrutar. Aquí no compras archivos digitales o papel; compras la cara de tonta que se te va a quedar cuando te veas en las fotos y digas: «¿De verdad ese pibón soy yo?». Eso no tiene precio. Si no valoras tu propia imagen y tu historia lo suficiente como para invertir en un profesional que te saque de cine, mejor sigue gastando en cosas que no te hacen sentir tan poderosa como esto.

6. Si prefieres arrepentirte de mayor por no haber tenido narices de hacerlo

Este es el punto más duro, pero el más real. Todos tenemos esa foto de hace 10 años en la que pensamos: «Joder, qué bien estaba y qué tonta fui por no aprovecharlo».

La cruda realidad: El tiempo vuela y no perdona a nadie. Si eres de las que prefiere quedarse con la duda de «¿cómo habría quedado aquella sesión?» antes que lanzarse a la piscina, allá tú. Yo prefiero que dentro de 30 años mires este álbum y se te escape una sonrisa recordando lo increíble que estabas (y estás). Si te da más miedo un «no puedo» que un «ojalá lo hubiera hecho», entonces cierra esta pestaña, porque mi estudio es para gente que vive el ahora.

2. Si te sientes cómoda en el anonimato de tu propia inseguridad

Hay una zona de confort extraña en decir «yo no soy fotogénica» o «yo siempre salgo mal». Es un escudo que te protege de ser vista.

La cruda realidad: Una sesión conmigo te obliga a mirarte. Y lo que es más «peligroso»: te obliga a verte bien. Hay personas que no están preparadas para romper la narrativa de que son «del montón». Si te asusta la idea de descubrir que eres una mujer (u hombre) imponente, magnética y sensual, es mejor que te quedes tras el escudo de tus complejos. Verte poderosa conlleva la responsabilidad de empezar a creértelo.

3. Si buscas algo «barato», mediocre o carente de intención

Hay una diferencia abismal entre una imagen sugerente y una imagen vacía. En mi estudio, la intensidad la marcas tú, pero la calidad la firmo yo.

La cruda realidad: Si lo que buscas es un fotógrafo que se limite a disparar sin cuidar la composición, la luz o la narrativa, solo porque «lo importante es lo que se ve», no soy tu fotógrafo. No me importa lo «hot» o explícita que sea la sesión —de hecho, me encanta explorar los límites de la provocación—, pero siempre bajo un estándar de arte y sofisticación. Si no valoras el erotismo bien ejecutado y prefieres algo rápido y sin alma (estilo «selfie» o producción de bajo presupuesto), mi enfoque te parecerá demasiado meticuloso. Aquí venimos a crear imágenes potentes, crudas y excitantes, pero que podrías exponer en una galería.

7. Si crees que eres un «pato mareado» y que vas a hacer el ridículo

«Es que no soy modelo», «es que no sé qué hacer con las manos», «es que soy súper torpe». Si esa es tu excusa para no reservar, tienes razón: no vengas.

La cruda realidad: Si esperas que yo me quede ahí parado como un mueble esperando a que tú hagas poses de revista por arte de magia, te has equivocado de fotógrafo. Mi trabajo es, precisamente, dirigirte hasta el último dedo del pie. Si no estás dispuesta a confiar en que yo te voy a decir cómo mirar, cómo moverte y cómo sacarte partido (aunque te sientas un poco «pato» al principio), entonces esto no va a funcionar. Aquí no vienen modelos profesionales, vienen personas reales. Si prefieres quedarte con la idea de que eres «poco fotogénica» en lugar de dejarte guiar para ver de lo que eres capaz, mejor quédate en casa.

¿Te he convencido ya para que no me llames o es que tienes ese punto de rebeldía que hace falta para esto?

Si no has salido corriendo después de leer estas siete verdades, es que en el fondo te gusta la idea. Y eso me gusta a mi también.

Ya ves cómo trabajo: paso de la perfección de revista, paso de los miedos heredados y de la gente que necesita pedir permiso para sentirse bien. Yo busco personas de carne y hueso, con sus dudas y sus ganas, que se atrevan a verse como nunca imaginaron.

Me da exactamente igual si quieres una sesión con un jersey de lana o con la lencería más explosiva que tengas; lo que me importa es que vengas con ganas de soltar lastre y disfrutar.

¿Dejamos ya la excusa del «no es para mí» y empezamos a crear algo potente? No le des más vueltas. Escríbeme y cuéntame qué tienes en mente, por muy atrevido o diferente que te parezca.